Los Celtics defienden el Garden tras un horroroso final de los Warriors

La final de la NBA regresaba 12 años después a uno de sus lugares predilectos, el TD Garden de Boston en la Costa Este de los Estados Unidos de América.

Si hay algo que define a los Boston Celtics es su ‘plaza sagrada’. El TD Garden, hogar de mitos y leyendas. Y su defensa era de obligado cumplimiento si querían tener opciones a ganar el anillo de la NBA por el tamaño y la calidad de su rival. Cumplieron, con nota. Tras un partido de gran nivel desde la salida, sumado a un final desastroso de unos Warriors que no pasaron de once puntos en el cuarto final. Los 16 del primero se unen a otro final para el olvido. Y los Celtics mandan en la final (116-100).

Los de Udoka cumplieron lo que se les pedía. Acompañar a sus estrellas, ser intensos en defensa y poder frenar los ataques de inspiración de los Warriors. Misión aceptada y cumplida por un equipo admirable que tiene en el Garden a una de sus mejores armas. No juega el parqué, pero motiva, hunde dinámicas y si se une un festival del fallo de los Warriors propician desenlaces así. Ya no es que la final esté viva, es que los Celtics no dejan de dar golpes en la mandíbula de unos Warriors desacertados cada dos por tres.

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Si hay algo que define a los Boston Celtics es su ‘plaza sagrada’. El TD Garden, hogar de mitos y leyendas. Y su defensa era de obligado cumplimiento si querían tener opciones a ganar el anillo de la NBA por el tamaño y la calidad de su rival. Cumplieron, con nota. Tras un partido de gran nivel desde la salida, sumado a un final desastroso de unos Warriors que no pasaron de once puntos en el cuarto final. Los 16 del primero se unen a otro final para el olvido. Y los Celtics mandan en la final (116-100).

Los de Udoka cumplieron lo que se les pedía. Acompañar a sus estrellas, ser intensos en defensa y poder frenar los ataques de inspiración de los Warriors. Misión aceptada y cumplida por un equipo admirable que tiene en el Garden a una de sus mejores armas. No juega el parqué, pero motiva, hunde dinámicas y si se une un festival del fallo de los Warriors propician desenlaces así. Ya no es que la final esté viva, es que los Celtics no dejan de dar golpes en la mandíbula de unos Warriors desacertados cada dos por tres.

Los Celtics salen disparados
Y es el Garden y son los Celtics. Casi influidos por su público y la necesidad, los ‘orgullosos verdes’ aceleraron de inicio. Les dio igual el daño de Tatum en el hombro, puws buscaron la debilidad en defensa de Curry, los fallos de Golden State desde fuera, y mataron con un Jaylen Brown lanzado. Dominando en cualquier emparejamiento y llegando a doblar en el marcador muy pronto (18-9).

No se quedarían ahí y los Warriors no entraban en el partido. Curry se cargaba con dos faltas y los Celtics atacaban esa debilidad. Generaban superioridad que se manifestaba en canastas sencillas. Y más con Horford, superior en la pintura. Un 15 arriba (26-11) daba un mensaje claro al bando local. Había duelo porque reaccionaban, en cierta medida, los Warriors con un triple de Klay Thompson y los primeros fallos de los Celtics para dejar el 11 arriba en el primer cuarto.

La papeleta para los Warriors era más que complicada. Pero decidieron salir contestando, con un Klay Thompson que encadenaba 12 puntos seguidos y conseguía que la diferencia rondase los diez abajo. Boston no se achicó, y mantuvo su defensa élite para hacer daño. Más con un Jayson Tatum en estado de gracia, anotando dos triples defendidos (56-39). El ‘0’ cumplía lo que los Celtics necesitaban: activar a sus dos estrellas.

Eso generaría un tiempo muerto y, cosas del destino, otro giro de guion. Los Warriors tenían que agarrarse… Y vaya que lo hicieron, poniendo un 0-8 con Curry en estado de gracia. Había tercer partido. Aunque no se desconectaban los Celtics, con Jaylen Brown en contínuo estado de gracia gracias a su efectividad. Boston mandaba al descanso, con poco premio ya que quedaban a golpe de explosión ‘dub’ (68-56).

Los Celtics resurgen con nota
Dicho y hecho. Era un terreno complicado para los Celtics, que caía en errores repetidos durante los terceros cuartos de las finales. Un territorio para los mejores Warriors, que se enchufaban con un Stephen Curry maravilloso. Desde fuera, llegando a voltear el marcador y poner, por primera vez, a los de Kerr con ventaja faltando cuatro minutos. Con un estilo que ya había sido clave en el segundo partido. Bloqueos altos y los Celtics parecían flotar al tirador. Claro, el que ‘dispara’ es Curry. Y el ’30’ es el mejor de siempre en ese arte. Un golpe de teatro todavía era posible.

O no, porque responderían los Celtics, con un Tatum más inspirado que Jaylen Brown. Sumando en contacto, y dirigiendo una resurrección verde motivada por unos acelerados Warriors y la poca eficacia debajo de los aros. Allí, campaba a sus anchas Robert Williams, un interior que juega con ‘media pierna’ y que nadie sabe muy bien cómo estará cuando termine la final de la NBA. En conclusión, 93-89, había partido en el último cuarto.

Pero el último cuarto exige tener acierto y entonación en todas las facetas del juego. Ese hecho que en el primer partido supuso un ‘palo’ para los Warriors iba a repetir medicina. Porque los de la Bahía no consiguieron anotar más que 11 puntos. Por los fallos en la selección, de Curry, Klay Thompson o Wiggins. Por una pésima actitud en el rebote defensivo y por un Jayson Tatum que dirigió a las mil maravillas. En contacto, entrando y desde fuera. Anotaba y abría hueco hasta los más de 10 puntos.

No se quedaba solo y Smart también se unía para ampliar diferencias. Resumen, los tres del ‘trébol mágico’, Brown, Tatum y Smart, por encima de 20 puntos. La primera vez desde la década de los 80 y un 116-100 en el marcador. Los Celtics defendían con nota el Garden. Va en su sangre.

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