Wiggins acerca a los Warriors al anillo

Los Golden State Warriors acarician el anillo de la NBA después de llevarse un quinto partido de las Finales muy batallado en que tuvieron que reconstruir colectivamente, sin contar con la magia del mejor Stephen Curry, un liderato de 16 puntos en dos ocasiones. Después de dejarse por el camino su cómodo colchón en el tercer cuarto, por primera vez ganado por los Boston Celtics en la eliminatoria por el título, el conjunto de la bahía supo fiarse al partido aclaratorio de la trayectoria de Andrew Wiggins, tan líder como decisivo con 26 puntos y 13 rebotes en el triunfo por 104-94.

Con el 3-2 en el balance de la serie, el Chase Center rugió de alegría con el buen despliegue coral de los suyos, una necesidad ante el inédito encuentro de su héroe, un Curry que por primera vez se quedó sin anotar ningún triple en un partido de playoffs. Después de lograrlo en 132 encuentros disputados durante toda su trayectoria, el astro se tuvo que conformar con 16 tantos y 8 asistencias después de perpetrar un 0 de 9 desde el perímetro.

Los triples marcaron precisamente el relato del choque. Boston arrancó fallando 12 consecutivos, coincidiendo con la máxima ventaja de +16 hacia el final del primer cuarto, que Golden State dominó con mano de hierro (27-16). Fue más tarde, después de que Ime Udoka le hiciera a Jayson Tatum lo mismo que Steve Kerr le hizo a Draymond Green en el cuarto partido, dejarle en el banquillo cuando no tocaba según los planes, cuando los Celtics reaccionaron para dar emoción al quinto asalto.

Tatum metió el primer triple de Boston con el 37-29, y desde entonces Boston no erró sus siguientes ocho intentos de perímetro. El acierto fulgurante del conjunto visitante no evitó que se marcharan 51-39 abajo al descanso, pero su salida en el tercer período fue memorable y logró dar la vuelta al partido con el 55-58 en el ecuador del período tras un triple de Al Horford y un 4-19 de parcial tras el receso. El oasis de perímetro rescató a los Celtics de sí mismos apenas 12 minutos, ya que luego Wiggins y Klay Thompson se encargarían de ejecutarles en el cuarto definitivo.

El escolta, justo un día después del tercer aniversario de su fatídica lesión en las Finales de 2019, volvió a mostrar su mejor versión y apuntaló con 21 puntos y un 5 de 11 en triples el buen papel de Wiggins. La espantada de Curry fue cubierta por sus compañeros, que se decían a sí mismos que no podían fallarle al ‘30’ después de su exhibición de 43 tantos en el cuarto asalto. Le cubrieron rozando la excelencia: empezando por Green (8 puntos, 8 rebotes y 7 asistencias), bullicioso y enchufado desde el primer minuto hasta su eliminación por acumulación de faltas con el partido resuelto, y terminando por el banquillo, con Jordan Poole haciendo de las suyas (14 puntos y triple sobre la bocina para terminar el tercer cuarto) y Gary Payton II aportando también el partido de su vida, con 15 tantos, 5 rebotes y 3 robos, los Warriors arroparon a su estrella y la dejaron a una victoria del trofeo Larry O’Brien y, salvo sorpresa mayúscula, el premio al MVP de las Finales.

Quizás agotado físicamente, una dolencia que acusaron también las estrellas de Boston, el ‘30’ puso mala cara durante todo el encuentro, pero pudo terminar sonriendo con un triunfo que ensalza el valor colectivo del baloncesto propuesto por Kerr y su cuerpo técnico. Udoka, desesperado por algunas decisiones arbitrales, les pidió mucho a Tatum y Brown dejándoles toda la segunda mitad sobre la cancha. El alero terminó con 27 puntos, 10 rebotes y 4 asistencias (10-20 TC, 5-9 3P), pero volvió a quedarse sin gasolina en el cuarto final. Más de lo mismo, pero durante todo el choque, pareció ocurrirle al escolta, autor de 18 tantos, 9 rebotes y 4 asistencias (5-18 TC; 0-5 3P).

Más allá del espejismo de los triples, que coincidió además con 14 fallos consecutivos de Golden State desde el perímetro, otra ilusión en la dinámica del duelo, los Celtics se cavaron su propia tumba con las pérdidas de balón. Superaron con 18 su número mágico de 16, el que les asegura en la mayoría de ocasiones la victoria cuando logran quedarse por debajo del mismo. De allí nacieron 22 puntos de su rival, que además dominó la pintura con un 50-36 en anotación a pesar de perder la batalla por el rebote 39-47.

Con todo, después del giro de guion en el tercer período, los Warriors supieron analizar bien sus ventajas y aprovecharon el calor del Chase Center para llevarse el último parcial con solvencia. La agresividad y carácter de su estrella a la sombra, un Andrew Wiggins convertido en la única constante de la eliminatoria, le ha permitido ganarse a pulso su protagonismo en la historia.

El primer match-ball para Golden State será la madrugada del viernes en España en el TD Garden (03:00 horas), donde Boston intentará corregir de nuevo sus errores de bulto para forzar el séptimo partido, una reto que ha superado ya en dos ocasiones este año.

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