Un pescador furtivo de la Amazonia confiesa haber disparado al periodista y al indigenista

La peor de las sospechas se ha confirmado: el periodista británico y el indigenista brasileño fueron asesinados. Las autoridades brasileñas consideran parcialmente aclarado el caso de Dom Phillips, colaborador de The Guardian y otros periódicos, y de Bruno Araújo Pereira, que estaban desaparecidos desde hacía once días en una remota región de la Amazonía. El primer hombre que detuvieron condujo ayer a la policía brasileña hacia el lugar donde fueron hallados restos humanos y confesó haberles disparado.

Amarildo da Costa Oliveira, alias El Pelado y que estaba preso desde hace una semana, era el principal sospechoso del caso. También arrrestaron a su hermano, Oseney da Costa de Oliveira, conocido como Dos Santos, pero este niega cualquier implicación en el doble crimen.

Pelado era el principal sospechoso, ya que en alguna ocasión había lanzado amenazas contra Pereira y días después de su detención, la policía encontró algunos objetos personales de Phillips y Araújo (incluidas botas, ropa y una tarjeta de seguro médico) escondidos dentro de una mochila atada a un árbol en una zona inundada próxima a su casa.

Este pescador furtivo de 41 años, con presuntos lazos con el narcotráfico, fue visto por testigos siguiendo a gran velocidad la lancha en la que iban Phillips y Pereira el último día que fueron vistos con vida, el 5 de junio. La policía identificó rastros de sangre en el bote del sospechoso, quien en un primer momento negó cualquier participación en la desaparición de los dos hombres.

La Policía explicó que Da Costa de Oliveria confesó el crimen el martes: usó un arma de fuego para matar a ambos. «No habríamos tenido forma de llegar rápidamente a ese lugar sin la confesión», señaló el superintendente de la Policía Federal en el estado de Amazonas, Eduardo Alexandre Fontes, en una rueda de prensa en la ciudad amazónica de Manaus, en referencia al sitio donde fueron hallados los cuerpos el miércoles.

La familia de Pelado, quien había negado previamente que él hubiera hecho nada malo, aseguró que la policía lo torturó para tratar de obtener una confesión.

Los restos humanos, que serán identificados en los próximos días, fueron hallados a tres kilómetros dentro del espeso bosque, según Fontes. Los agentes tuvieron que navegar casi dos horas por el río y 25 más dentro del bosque para encontrar el lugar donde fueron enterrados. El bote en el que viajaban cuando desaparecieron todavía no lo han encontrado, pero saben que «le pusieron bolsas de tierra para que se hundiera», señaló otro agente de policía, Guilherme Torres.

La esposa de Phillips, Alessandra Sampaio, consideró que el hallazgo de los restos eran un gran avance: «Aunque todavía estamos esperando confirmaciones definitivas, este trágico desenlace pone fin a la angustia de no saber el paradero de Dom y Bruno. Ahora podemos traerlos a casa y despedirnos con amor». «Hoy también comenzamos nuestra búsqueda de justicia. Espero que las investigaciones agoten todas las posibilidades y brinden respuestas definitivas sobre todos los detalles relevantes lo antes posible».

Sampaio agradeció a todos los involucrados en la búsqueda de su esposo y del señor Pereira, “especialmente los pueblos indígenas y Univaja”. Esta asociación indígena de la región, de la que Pereira fue presidente, fue la primera en alertar a las autoridades y cuando la pareja desapareció. Desde el primer día, un grupo de voluntarios indígenas se puso a rastrear la región. Las autoridades se unieron más tarde tras la presión internacional, algo que le ha valido de críticas al gobierno de Jair Bolsonaro.

El presidente brasileño no ha escondido su opinión sobre el caso. El miércoles volvió a responsabilizar a Phillips de su destino. En una entrevista, Bolsonaro dijo sin ninguna prueba que los lugareños del valle donde desapareció no le tenían simpatía y que debería haber tenido más cuidado en la región.

Univaja consideró que el doble asesinato es un «crimen político», porque «ambos eran defensores de los derechos humanos y murieron trabajando para cuidar a los indígenas de Vale do Javari».

Pereira, quien trabajaba desde hacía años en la región y conocía en profundidad la zona, había sido objeto de diversas amenazas por parte de mafias de mineros, madereros y pescadores ilegales y hasta traficantes de drogas que operan en el llamado Valle do Javari, incluído el propio Pelado estaba entre los autores, según testigos.

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